Comprar un coche de segunda mano puede ser una buena decisión. Permite acceder a vehículos más equipados, evitar parte de la depreciación inicial y ajustar mejor el presupuesto. Pero también puede convertirse en un problema serio si se firma la compra sin revisar la documentación, el historial, el estado mecánico y los posibles daños ocultos del vehículo.

En 2026, el mercado de vehículos de ocasión sigue teniendo una alta demanda, pero también genera desconfianza. Según una encuesta comunicada por CARFAX en enero de 2026, el 34 % de los compradores de vehículos usados afirmó haber sufrido algún tipo de estafa durante el proceso de compra. Entre los casos citados se incluyen kilometraje alterado, daños no revelados, anuncios falsos, cargas no comunicadas, vehículos robados, manipulación significativa del kilometraje o incluso clonación del número de bastidor.

Esto no significa que todos los coches usados sean sospechosos. Significa que no conviene comprar con prisas, sin pruebas y confiando únicamente en lo que dice el anuncio. Una revisión precompra independiente no sirve para “buscar problemas donde no los hay”, sino para tomar una decisión con datos objetivos antes de entregar el dinero.

No todo defecto es un vicio oculto, pero algunos problemas sí pueden reclamarse

Un coche usado tiene desgaste. Puede tener pequeños defectos estéticos, mantenimiento pendiente, neumáticos a media vida, discos con uso, silentblocks fatigados o pequeñas holguras propias de la antigüedad y kilometraje. Eso forma parte de la realidad de un vehículo de ocasión.

Otra cosa distinta es que el vehículo presente una avería grave anterior a la venta, un daño estructural oculto, una reparación deficiente, una manipulación del kilometraje, una pérdida de refrigerante no informada, una caja de cambios con fallo previo, daños por inundación, testigos borrados o documentación que no se corresponde con el estado real del vehículo.

En una compraventa entre particulares, el Código Civil regula el saneamiento por defectos ocultos cuando esos defectos hacen la cosa impropia para su uso o disminuyen de tal forma su utilidad que, de haberlos conocido, el comprador no la habría comprado o habría pagado menos. Además, las acciones por vicios ocultos se extinguen a los seis meses desde la entrega del vehículo.

Cuando la compra se realiza a un profesional o compraventa, el marco cambia. En bienes de segunda mano vendidos por empresa a consumidor, la garantía legal también se aplica, aunque puede pactarse un plazo inferior al general, nunca por debajo de un año desde la entrega si ese pacto se realiza correctamente. Este régimen no se aplica igual cuando la compraventa es entre particulares.

Por eso es tan importante distinguir tres cosas, desgaste normal, falta de mantenimiento y defecto oculto relevante. No todo lo que aparece después de comprar permite reclamar, pero tampoco todo puede justificarse como “es que el coche es usado”.

Por qué una revisión precompra puede ahorrarte miles de euros

Una revisión precompra no es una ITV. La ITV comprueba unos mínimos administrativos y de seguridad en un momento determinado, pero no analiza con profundidad si el vehículo ha sufrido una reparación estructural, si hay indicios de kilometraje incoherente, si existen códigos de avería ocultos, si el motor trabaja correctamente, si hay pérdidas, si los espesores de pintura son compatibles con una reparación previa o si el estado general se corresponde con lo anunciado.

Tampoco es suficiente con probar el coche “dando una vuelta a la manzana”. Muchas averías no aparecen en frío, otras solo se manifiestan en caliente, algunas surgen bajo carga y otras quedan registradas en unidades electrónicas aunque el cuadro no tenga ningún testigo encendido.

Por eso, antes de firmar, conviene revisar el vehículo con criterio técnico. Estos son los 7 puntos básicos.

  1. Documentación, titularidad, contrato y anuncio

Lo primero no está bajo el capó, sino en los papeles.

Antes de pagar una señal o firmar el contrato conviene conservar el anuncio original, capturas de pantalla, fotografías, conversaciones, condiciones ofrecidas, kilometraje anunciado, precio, equipamiento declarado y cualquier afirmación relevante del vendedor. RACE recomienda actuar con rapidez si aparece un problema tras la compra, guardar contrato y anuncios, documentar daños o averías, pedir una revisión mecánica independiente y reclamar por escrito al vendedor.

También conviene comprobar que el vendedor coincide con el titular, que el número de bastidor coincide con la documentación, que no existen cargas, embargos, reserva de dominio o incidencias administrativas y que el contrato refleja correctamente el estado del vehículo.

Un contrato genérico de una página, sin kilometraje, sin manifestaciones del estado del vehículo, sin referencia al anuncio y sin identificación clara de las partes deja al comprador en una posición débil si después aparecen problemas.

  1. Historial, kilometraje, ITV y mantenimiento

El kilometraje es uno de los puntos más sensibles en un coche usado. No basta con mirar el cuadro. Hay que contrastar el kilometraje con ITV, facturas, libro de mantenimiento, historial de reparaciones, estado interior, desgaste de volante, pedales, asiento, pomo, cinturones, neumáticos y fecha de fabricación de elementos sustituidos.

Un vehículo con pocos kilómetros pero volante brillante, asiento vencido, pedales muy gastados, neumáticos antiguos, historial incompleto y facturas inexistentes exige prudencia.

También es importante comprobar si el mantenimiento se ha realizado en tiempo y forma. Un motor con correa de distribución pendiente, aceite incorrecto, caja automática sin mantenimiento, sistema AdBlue manipulado, FAP saturado, refrigerante contaminado o revisiones sin trazabilidad puede generar una avería de varios miles de euros poco después de la compra.

  1. Diagnosis electrónica y testigos

Una diagnosis profesional permite leer averías presentes, memorizadas e históricas en las distintas unidades del vehículo, motor, ABS, airbag, cambio automático, dirección asistida, climatización, cuadro, sistemas ADAS, módulos de carrocería, batería híbrida o sistema de alto voltaje en eléctricos e híbridos.

No se trata solo de “borrar fallos”. De hecho, borrar fallos antes de comprar puede ocultar información muy valiosa. Lo correcto es leer, interpretar y relacionar los códigos con síntomas, estado del vehículo y prueba dinámica.

Un coche puede no tener ningún testigo encendido y aun así registrar fallos intermitentes de presión de turbo, sensor de NOx, caudalímetro, EGR, caja de cambios, batería, sistema de airbag o módulos de confort. En híbridos y eléctricos, además, conviene revisar parámetros de batería, aislamiento, temperaturas y posibles incidencias del sistema de tracción.

  1. Carrocería, espesores de pintura y estructura

Un coche puede estar brillante por fuera y esconder una reparación importante. La inspección visual debe incluir alineación de paneles, holguras entre piezas, diferencias de tono, tornillería marcada, selladores, soldaduras, traviesas, largueros, pasos de rueda, bajos, puntos de anclaje y espesores de pintura.

El medidor de espesores permite detectar repintados, reparaciones de chapa o zonas con masilla. Un paragolpes pintado no tiene por qué ser grave. Una aleta reparada tampoco implica necesariamente un problema. Pero una reparación mal ejecutada en zonas estructurales, un larguero intervenido, soldaduras no originales o deformaciones en bajos pueden afectar al valor, a la seguridad y a la futura reclamación.

También conviene revisar cristales, ópticas, airbags, cinturones y pretensores. Tras un siniestro, algunos vehículos se reparan estéticamente, pero no siempre se restituyen correctamente todos los elementos de seguridad.

  1. Motor, refrigeración, pérdidas y sistemas anticontaminación

En una revisión precompra hay que mirar niveles, estado del aceite, refrigerante, fugas, manguitos, vaso de expansión, olor a gases, presión en circuito, ruidos anómalos, humo, ralentí, arranque en frío, funcionamiento en caliente y posibles pérdidas de aceite, combustible o refrigerante.

Un pequeño consumo de refrigerante puede acabar en una avería de culata. Un turbo con silbido, holgura o fuga puede terminar en una reparación costosa. Un sistema AdBlue con fallos recurrentes puede inmovilizar el vehículo. Un FAP saturado o manipulado puede generar problemas mecánicos, legales e ITV.

No es razonable desmontar medio motor antes de comprar, pero sí es posible detectar indicios de riesgo. La clave es no comprar a ciegas.

  1. Bajos, suspensión, frenos, neumáticos y corrosión

Los bajos cuentan muchas cosas. Golpes en cárter, óxido, barro acumulado, traviesas marcadas, tornillos recientes, fugas en amortiguadores, silentblocks agrietados, rótulas con holgura, neumáticos con desgaste irregular o discos en mal estado pueden indicar uso severo, falta de mantenimiento, accidente previo o incluso exposición a inundación.

Tras episodios de lluvias intensas o inundaciones, conviene extremar la revisión de moquetas, guías de asientos, conectores, bajos, interior de huecos, ventiladores, módulos eléctricos, instalación y restos de barro o humedad. Un coche afectado por agua puede funcionar aparentemente bien al principio y presentar problemas eléctricos o corrosión semanas o meses después.

En vehículos modernos, con muchas unidades electrónicas y sistemas de asistencia, la presencia de humedad o corrosión en zonas sensibles no es un detalle menor.

  1. Prueba dinámica y coherencia final antes de firmar

La prueba dinámica debe realizarse con el vehículo frío y caliente, comprobando arranque, ralentí, aceleración, retención, frenada, dirección, cambios de marcha, vibraciones, ruidos, temperatura, climatización y comportamiento general.

Hay que prestar atención a tirones, vibraciones en transmisión, golpes de suspensión, ruidos al girar, frenadas irregulares, caja automática brusca, embrague alto, humo en aceleración, temperatura inestable o testigos que aparecen tras circular.

Después de revisar documentación, diagnosis, carrocería, mecánica, bajos y prueba dinámica, llega la pregunta clave: ¿el estado real del coche coincide con lo anunciado y con el precio pedido?

Si la respuesta no es clara, lo prudente es parar, pedir más documentación o renegociar. Y si el vendedor mete prisa, evita revisiones, no permite diagnosis, no quiere entregar documentación o cambia versiones, mejor perder una oportunidad que comprar un problema.

Qué hacer si ya has comprado y aparecen problemas

Si el problema aparece después de la compra, conviene actuar con orden. Lo recomendable es no manipular innecesariamente el vehículo, documentar síntomas con fotos y vídeos, guardar facturas, conservar el anuncio y contrato, solicitar diagnóstico independiente y reclamar por escrito al vendedor. En casos graves, un informe pericial puede ayudar a determinar si la avería era compatible con un defecto anterior a la venta, con falta de mantenimiento previa, con una reparación deficiente o con un daño oculto.

Discutir por teléfono o por mensajes sin pruebas suele servir de poco. En una reclamación, lo importante es poder acreditar qué se compró, qué se anunció, qué se entregó, qué defecto apareció, cuándo apareció y por qué técnicamente no es razonable atribuirlo al uso posterior del comprador.

La revisión precompra no encarece la compra: reduce el riesgo

Una inspección precompra no garantiza que un coche usado nunca vaya a fallar. Ningún profesional serio debería prometer eso. Lo que sí permite es reducir el riesgo, detectar señales de alerta, valorar si el precio es coherente y dejar constancia técnica del estado del vehículo antes de firmar.

En Perimecanic realizamos revisiones precompra e informes periciales independientes orientados a compradores que quieren tomar una decisión con criterio técnico. Revisamos documentación, bastidor, diagnosis, carrocería, espesores de pintura, bajos, neumáticos, frenos, pérdidas, refrigeración, prueba dinámica y coherencia general del vehículo.

Comprar un coche usado no debería ser una lotería. Con una revisión independiente antes de firmar, puedes evitar averías costosas, fraudes documentales, vehículos maquillados y reclamaciones complicadas.

Antes de comprar, revisa. Después de firmar, todo es más difícil.

Preguntas frecuentes

¿Una revisión precompra detecta todos los problemas?

No. Hay averías internas que pueden no manifestarse durante la inspección. Pero una revisión técnica reduce el riesgo y puede detectar indicios relevantes que un comprador normalmente no aprecia.

¿Puedo reclamar si compro a un particular?

Sí, en determinados casos, si existen defectos ocultos relevantes anteriores a la venta. En compraventas entre particulares, el Código Civil contempla acciones por vicios ocultos, pero el plazo es limitado y la prueba técnica resulta clave.

¿Es lo mismo comprar a un profesional que a un particular?

No. Cuando vende un profesional a un consumidor, entra en juego la normativa de consumidores y usuarios sobre garantía legal y falta de conformidad. En bienes de segunda mano puede pactarse una reducción del plazo, pero no por debajo de un año desde la entrega.

¿Qué documentos debo guardar antes de comprar?

Contrato, anuncio, capturas, conversaciones, justificantes de pago, informe de tráfico, historial, ITV, facturas de mantenimiento, garantía ofrecida y cualquier documento entregado por el vendedor.

¿Cuándo conviene pedir un informe pericial?

Cuando hay una avería grave, una discrepancia con lo anunciado, sospecha de kilometraje manipulado, daños ocultos, reparación estructural, inundación, problema administrativo o negativa del vendedor a responder.

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